¿Por qué se producen las varices esofágicas?
¿Por qué se producen las varices esofágicas?
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Las varices esofágicas, como su nombre lo indica, son venas muy frágiles  que se localizan en la parte final del esófago,  en el extremo inferior, es decir el conducto que conecta la garganta con el estómago. Suelen manifestarse como una dilatación o ensanchamiento en forma anormal llegando a alcanzar desde grado 1 hasta 4 de grosor.

Ahora, ¿te has preguntado cómo sucede esto?

Origen de las varices esofágicas

Cuando suceden estas dilataciones, de por sí patológicas, una de las principales causas que inciden en su aparición es el funcionamiento inadecuado del hígado, un indicativo de “hígado enfermo”.

Cuando se presenta un “hígado enfermo” puede ser por múltiples razones, una de las principales es la cirrosis hepática debido a un consumo excesivo de alcohol o por virus de la hepatitis; o cirrosis biliar, por lo que se presenta un aumento de la presión que obstruye  la vena porta, fenómeno conocido  como hipertensión portal.

Este aumento de presión causa el bloqueo del flujo sanguíneo a través del hígado, conduciendo a que las venas se agranden, se hinchen dentro del esófago y otros órganos como estómago, recto e incluso el área umbilical, rompiéndose  hasta sangrar.

Otras afectaciones del hígado pueden ser las infecciones parasitarias como la esquistosomiasis o bilharziasis, la presencia de coágulos de sangre en las venas porta, esplénicas, mesentéricas.

El resultado comprometedor es cuando esas várices provocan un sangrado digestivo, ocasionando hemorragias con existencia de heces negras, vómitos con sangre, mareos, sudoraciones, pérdida de la conciencia e incluso pueden poner en peligro la vida del enfermo.

Sin embargo, si se realiza un buen diagnóstico las varices esofágicas se pueden observar claramente utilizando la endoscopia y por tomografía.

Recuerda que la rotura de las várices depende de varios factores locales y de la severidad de la enfermedad hepática, solo un aumento en la presión interior la provocará al ejercer a su vez una tensión sobre sus paredes.

Es conveniente considerar que sí existen tratamientos como el de las hemorragias activas, farmacológico, uso de vasoconstrictores que reduzcan el flujo sanguíneo y disminuyan la presión arterial, taponamiento esofágico y otros tratamientos quirúrgicos, hasta trasplante de hígado en el caso que se requiera.

Lo importante es que estas técnicas deben ser llevadas a cabo por personal experto, especialista en la materia, y bajo estricta vigilancia médica.

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