Orson Welles como nunca lo habías visto en Netflix
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Me amarán cuando esté muerto es un documental producido por Netflix sobre el rodaje de la que puede que sea la película (hasta ahora) inconclusa más famosa de la historia, El otro lado del viento, la ambiciosa propuesta cinematográfica del genio americano Orson Welles. Y decimos “hasta ahora” porque el gigante del streaming de contenidos digitales también adquirió los derechos y financió la restauración y finalización del film. Si bien el resultado de esta revisión generó ciertas reticencias entre los exégetas de su obra, el documental no ha parado de recibir elogios desde su estreno y, lo que en principio iba a ser un material que acompañase y contextualizase a la película, se ha convertido en uno de los estrenos del año y en un título que pasa de forma inmediata a la selección de los mejores documentales de Neflix, un imprescindible para los apasionados del cine.

Me amarán cuando esté muerto construye un retrato de la carrera de Welles a partir de su particular obsesión con este film, pero también recurre a contenido de su etapa europea para retratar las formas de rodaje del genio y su lucha por la independencia artística (batalla constante a lo largo de su carrera desde las interferencias que sufrió en el montaje de El cuarto mandamiento). Morgan Neville, el director, también responsable de títulos como la oscarizada A 20 pasos de la fama, demuestra en todo momento una comprensión y un aprecio por la obra del maestro que empapa constantemente el metraje del documental. Me amarán cuando esté muerto recoge el juego de intenciones, el choque de contradicciones y la capacidad para reconocer la verdad cuando esta se presenta frente a la cámara de Orson Welles, así como su frustración por completar un proyecto tan difuso como repleto de genio, pasión y cinismo.

Orson

Si la intención de Welles con Al otro lado del viento era “hacer una película que se sintiese como un documental”, lo que ahora llamaríamos un “mockumentary”, el documental de Neville trasciende su propio formato para coquetear con lo cinematográfico en la reinterpretación semántica de cortes de declaraciones y momentos del rodaje, algo que encaja muy bien con el espíritu metafílmico y ambiguo de la obra de Welles. Ver las contradicciones de un director que se caracterizaba por ser capaz de confinar la totalidad del proceso de rodaje en su cabeza mientras busca “accidentes divinos”, momentos puros y espontáneos que suceden durante el proceso de rodaje, resulta en un juego con el espectador en el que no se ofrece una imagen definida del objeto a examinar, sino que se facilitan las piezas de un puzzle necesariamente incompleto para que el público construya la figura de Orson Welles con ellas. Me amarán cuando esté muerto propone el descenso a una vorágine de espirales concéntricas, pequeños divertimentos dentro de otros que, de la misma manera que la forma en la que los videojuegos de mundo abierto nos proponen juegos dentro del juego, nutren y acompañan a la acción principal.

Uno de estos juegos pasa por encontrar al autor a través de sus avatares en la película, John Huston y Peter Bogdanovich, dos directores llamados a trasladar las vivencias y ocurrencias de Welles a la pantalla. La relación personal que tenía con estos dos grandísimos autores se mezcla con la admiración y el reconocimiento de su propio genio en el otro para dejarnos algunos de los momentos más intensos de Me amarán cuando esté muerto. Su confusión durante el rodaje de Al otro lado del viento, su admiración por el maestro, su total entrega al proyecto y las fricciones surgidas durante el mismo nos dejan algunas de las mejores escenas del documental, al tiempo que sus declaraciones nos acercan un poco más a la mente del genio.

La supervisión del proceso de recuperación de Al otro lado del viento ha corrido a cargo de su productor, Frank Marshall, quien estuvo presente en el rodaje desde 1970 a 1976 y que ha sido el responsable de seguir -e interpretar- el guion y las notas que Orson Welles dejó sobre la película con el apoyo de un equipo de colaboradores (entre los que se encontraba el ya mencionado prestigioso director Peter Bogdanovich). Según el crítico cinematográfico Daniel de Partearroyo, algunas de las decisiones de montaje parecen excesivamente actuales y chocan con el estilo con el que el director de F for Fake estaba desarrollando en aquellos tiempos. Dicho esto, es opinión mayoritaria que hay mucho Welles en Al otro lado del viento, pero que esta no es la meta-película, la obra maestra que cerraría su carrera, que el genio tenía en su mente, algo que también se refleja en el documental de Morgan Neville.

Finalmente, tras medio siglo de espera, el público tendrá acceso a la última locura-genialidad de Orson Welles. Cualquier espectador que vaya a afrontar el visionado de Al otro lado del viento debería pasar obligatoriamente por Me amarán cuando esté muerto; pero aquellos que no tengan ningún interés en la película no deberían perderse un documental imprescindible para entender mejor la mente y la pasión de un genio al final de su vida y su carrera, un autor que tuvo que sobreponerse a la presión de haber rodado la que es considerada por muchos como la mejor película de la historia del cine con apenas 25 años.

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