Enfermedad vascular periférica, ¿qué es?
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La enfermedad vascular periférica, definida también por las siglas EVP, es una patología frecuente en pacientes con antecedentes coronarios, por lo cual los miembros inferiores, como las piernas y los pies, se ven afectadas. Se le conoce también como enfermedad arterial periférica o EPA.

¿Por qué sucede y quiénes se ven afectados?

La enfermedad vascular periférica se debe principalmente a un daño u obstrucción en los vasos sanguíneos, arterias, venas y vasos linfáticos, debido a un trastorno en la circulación sanguínea. Órganos importantes como el cerebro, corazón y miembros inferiores como piernas y pies dejan de recibir un flujo sanguíneo adecuado para su debido funcionamiento.

Esta enfermedad suele afectar en un porcentaje del 15 al 20%  a aquellos individuos mayores de 70 años, aunque no se descarta su presencia en edades más bajas.

Factores de riesgo que producen la enfermedad vascular periférica

Bueno, te diré que entre los principales factores tenemos, por supuesto, la edad. Puede aparecer a partir de los 50 años en individuos con antecedentes familiares que han sufrido de enfermedades del corazón o enfermedades cardíacas; aquellas personas con antecedentes de colesterol alto o niveles altos de lípidos en la sangre, ateroesclerosis, hipertensión arterial,  diabetes mellitus del tipo 1 y en mujeres después de la menopausia e incluso en la postmenopausia.

Sintomatología

Al verse reducida aquella cantidad de sangre que fluye por las extremidades inferiores como piernas y pies, aparece una decoloración de la piel a nivel de los tobillos, inflamación y pesadez en las piernas, aparición de calambres hasta ocurrir una insuficiencia venosa crónica por daños en las válvulas venosas, lo que se conoce como una trombosis venosa profunda.

Asimismo, puede presentarse una tromboflebitis, venas varicosas, así como edema, dolor, sensibilidad, enrojecimiento y calor en las piernas e incluso brazos, debido a la formación de coágulos de sangre en una vena inflamada por la acumulación de sangre o alteración en la coagulación sanguínea, produciéndose moretones, sensación de ardor y dolor.

La piel en la mayoría de los casos se torna delgada, débil y brillante. Se presenta disminución de las pulsaciones, pérdida de vello corporal, impotencia, falta de cicatrización a nivel de tobillos o talones, adormecimiento, pesadez a nivel muscular, puntadas en condición de reposo a nivel de los dedos de los pies, decoloración rojizas y azuladas en ambas extremidades, movilidad limitada, compromiso con tejido muerto por falta de flujo sanguíneo hasta ocasionar gangrena, lo que podría conllevar a la amputación de pies, piernas y brazos.

Por todo lo mencionado es importante la consulta con el especialista, quien procederá a recomendar el examen físico, de laboratorio y especializado para controlar los síntomas.

Lo más importante es detener el avance de la enfermedad, disminuyendo el riesgo de ataque cardíaco, ACV o accidente cerebrovascular así como demás complicaciones.

Prevención

Prepárate y cumple un plan de prevención, basado en modificar tu estilo de vida, incluir ejercicios regulares (30 minutos por día), una alimentación adecuada que incluya frutas y verduras, reduciendo las grasas y los carbohidratos simples.

Dejar de fumar y modera el consumo de alcohol.

Controlar la hipertensión arterial, los niveles de colesterol en sangre, la diabetes y, por supuesto, el peso.

Consume medicamentos para mejorar el flujo sanguíneo, así como agentes anti plaquetarios o anticoagulantes para relajar las paredes de los vasos sanguíneos, como el caso de la aspirina, por supuesto bajo la prescripción médica.

Sigue las indicaciones y demás recomendaciones de tu médico, obtén la información necesaria, cuídate.

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